Hellen Miluska
Una semilla en crecimiento
hellen

Una vez un hortelano recibió una semilla desconocida hasta el momento. La gente del pueblo, invadida por la curiosidad, le apeló a que la plantara para comprobar el misterio que habitaba en su interior.

El hortelano depositó la semilla en la mejor de sus tierras. La gente, inquieta, pasaba por la huerta y la colmaba de cariños: unos la regaban, otros la contaban historias y, cuando hacía frío, había incluso quien la arropaba.

Al poco tiempo, de la tierra comenzó a brotar una hermosa planta con unas cualidades jamás vistas en el lugar. En el tallo aparecía grabada la palabra compromiso, de allí brotaban ramas con forma de sonrisa. Cada día, en la planta amanecía una nueva flor con pétalos escritos con bellísimas ideas: compañerismo, ilusión, ganas de aprender…

El pueblo la adoraba. Así, cuando hubo que poner nombre a aquella hermosa planta, nadie lo dudo: “La llamaremos Hellen”.