Texto de Fran Asencio, de Bodegas Alonso.

Es importante que conozcas un fandango que cantaba D. Antonio Rengel, que en nuestra familia, sobre todo los hermanos, nos decimos a menudo. Y dice así:

Y ten confianza en mi
Deja que se hunda el mundo
Y ten confianza en mi
Aunque vengan huracanes
Te defiendo hasta el morir
MI PALABRA ES LA QUE VALE. Y con ese enfoque encaramos la vida en nuestra familia y consecuentemente en Bodegas ALONSO, aportando nuestro granito de arena en la defensa de la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda.

Porque la manzanilla es por encima de todo un vino, con todo lo que eso conlleva. Un vino no es sólo un alimento, una bebida. Un vino es el resultado de una forma de vida, de una gran diversidad de formas de vida a lo largo de la historia. La manzanilla no es más que el resultado de la pasión y dedicación de muchas generaciones de familias en Sanlúcar de Barrameda, junto a la desembocadura de "el gran río del sur". Familias de bodegueros, cosecheros, arrumbadores, capataces, viticultores (mayetos), peones y un largo etcétera.

En Bodegas ALONSO nos gusta acercarnos a ese vino siempre con el máximo respeto a toda esa gente y toda esa historia de siglos, a la hora de disfrutar de ella. Nos encanta abrir una botella de manzanilla y esperar unos segundos. Nos mantenemos alerta en silencio, con los ojos cerrados. Y al instante podemos disfrutar de tantos y tantos aromas que irremediablemente nos "trasladan" a esa tierra mágica, Sanlúcar de Barrameda. Y durante esos instantes, con solo saborear esos aromas, tendremos la sensación de estar sentados en Bajo de Guía en pleno atardecer sanluqueño.

Y eso nos lleva a nuestra pasión a la hora de elaborar nuestra Velo Flor. Ansiamos casi con obsesión tener un vino que en todo momento se esté acordando de su tierra, que sea fiel representante del viñedo donde comenzó todo y de la bodega donde se crió durante años. En Bodegas ALONSO comentamos a menudo que "no hay nada más emocionante que apartarse un poco y disfrutar observando cómo la naturaleza hace su trabajo, casi sin intervención humana". Ese ejercicio de humildad, de saberse al servicio de la naturaleza es lo que te hace tener el máximo respeto hacia lo que elaboras, las personas y la historia.

Porque la manzanilla, como los demás vinos, es "personas". No sólo en el proceso de elaboración y crianza sino también en lo que se refiere a la generosidad del intercambio de conocimientos y cultura. La manzanilla expresa el carácter de las personas de esta tierra. Ese montón de personas que a lo largo de la historia vienen interpretando un terroir de albariza, un fruto, un clima y la expresión máxima de un pueblo entregado a su vino.

Al final, como muchas cosas en la vida, la manzanilla es un acto de amor. Sanlúcar de Barrameda AMA así al resto del mundo, compartiendo un vino con el que se identifica. Nos encanta sentirnos amados por Sanlúcar a través de sus manzanillas cualquiera de los muchos días que disfrutamos en Lakasa. Se nota que César y su equipo han sentido ese amor.

Nos gusta pensar que la manzanilla expresa la elegancia del equilibrio a través de la perfecta conjunción de sapidez, concentración y salinidad. En nariz apreciamos esos aromas iodados y balsámicos percebidos al pasear por Sanlúcar. Se hace presente la salinidad, los tonos marinos con recuerdos a algas y vientos frescos de poniente, propios de un paseo por Bajo de Guía. Incluso en algunos casos, es fantástico disfrutar de aromas florales con una mezcla elegante de la camomila y las levaduras llamadas Velo de Flor. En boca nos gustan esas sensaciones olfativas acentuadas y que la concentración y salinidad se hagan presentes, recordándonos a la "tierra" que estamos bebiendo. Un vino intenso, con mucha finura y frescura, largo y con un sinfín de sensaciones salinas, de cierta amargura y muy secas. La manzanilla es Sanlúcar de Barrameda en una copa.

De las vivencias de las que guardo con más cariño es la visita a nuestra Kasa de César, Marina y la pequeña Eloane. Casi no nos conocíamos pero tampoco hacía falta. Sabíamos que éramos gente apasionada y que queríamos COMPARTIR. Para eso, uno de los escenarios perfectos es Sanlúcar de Barrameda (y sus vinos). Fue tan sencillo como pasear por los patios de la bodega, oliendo a vinos y respirando historia, beber una primera copa de un amontillado que antes había sido manzanilla, mirarnos a los ojos sonriendo y saber que desde ese instante nos uniría algo especial llamado Sanlúcar de Barrameda. Sabes cuando notas internamente que has vivido unos momentos de felicidad intensa? Pues eso!! Meses después mi hermano y yo en una de las visitas frecuentes a Lakasa, al final de la comida se nos acerca César y nos dice (guiñándonos un ojo)... "No os podéis imaginar lo que se siente al poder compartir con otra gente apasionada lo que te hace feliz en la vida... no os lo podéis imaginar!!" Nos echamos a reír sabiendo que la vida, la naturaleza, las personas, la pasión, el terroir y un vino (la manzanilla o cualquier otro) nos habían hecho grandes amigos. Y los hermanos ALONSO vivimos por y para eso.

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