Verduras con nombre propio: Gonzalo Prous y el proyecto Sapiens Alimentación
Detrás de cada plato hay siempre una historia que merece ser contada. La de estas verduras comienza en la Vega del Jarama, a escasos kilómetros del restaurante. Allí Gonzalo Prous lidera el proyecto Sapiens Alimentación.
Su proyecto se fundamenta en la cercanía del producto, la agricultura regenerativa y un compromiso real con la sostenibilidad, sin atajos. Todos sus cultivos se realizan a cielo abierto, sin invernaderos, respetando los ritmos —y también los caprichos— de la naturaleza.
Gracias a un trabajo conjunto con Gonzalo, él selecciona cuidadosamente variedades concretas y decide el momento exacto de la cosecha para que cada producto llegue a Lakasa en su mejor punto. Así podemos contar con ingredientes que se adaptan a las necesidades de cada plato del menú: mini puerros, mini cebolletas, espinacas, topinambur… Verduras con un sabor y una frescura que es muy diferencial.
“Mi pasado como cocinero me ha enseñado a escuchar lo que necesita el restaurante. Puedo responder con el formato, tamaño o variedad que mejor se adapte al plato”.
Además, sus productos llegan directamente del campo a nuestra cocina, sin pasar por cámaras frigoríficas ni intermediarios. Esa cercanía se traduce en sabor.
“Usamos semillas puras, no modificadas genéticamente. Eso, unido a un cultivo sin agroquímicos y al cuidado artesanal, da como resultado un sabor más nítido, más auténtico”.
El coste invisible de lo sostenible
Detrás de cada verdura ecológica hay horas de trabajo que a menudo no se ven ni se valoran. Gonzalo nos lo explica con claridad:
“Para recoger 100 kilos de cebolla ecológica hacen falta entre 15 y 20 horas más que en el cultivo industrial, solo en deshierbe. Ese esfuerzo tiene un coste, y el producto puede ser un 30 o 40% más caro. Pero también es infinitamente más respetuoso y sabroso”.
Un mensaje para quien se sienta a la mesa
Si Gonzalo pudiera decirle algo a los comensales de Lakasa, sería esto:
“Que disfruten de una verdura de proximidad que ha sido posible gracias al trabajo mano a mano entre el agricultor y el restaurante”.
Este es el futuro que queremos seguir cultivando: un modelo más justo, más consciente y más sabroso. El sabor también está en la historia.
“La climatología es nuestro mayor reto. Una helada en una noche puede echar por tierra el trabajo de meses”, nos cuenta.