También conocida como seta de San Jorge, el perretxico es la seta más característica de la primavera.

 

Los primeros ejemplares se encuentran a finales de marzo y resulta raro hallar este hongo más allá de junio.

Su carne es de textura compacta y firme, aunque fácilmente masticable. De aroma penetrante y sabor agradable, con una intensidad por encima de la media. En ocasiones, su olor nos trae recuerdos a sandia.

Es cara. Nos la han llegado a ofrecer a más de 100 euros el kilo.

Su recogida precisa de adiestramiento. En ocasiones, hay que guiarse por el tacto debido a que se encuentra recubierta por la hierba. Si no eres muy ducho, olvídate.

Su limpieza es sencilla, al no ser viscosa no suele traer sorpresas. Solo hay que retirar con un paño húmedo los restos de hierbas y tierra que vengan adheridos.

El pie del perretxico es parte de su manjar.

Aquí el tamaño, importa. Las setas pequeñas y cerradas poseen una mayor concentración de sabor que las grandes y abiertas.

A la hora de comerla, tenemos discrepancias: a César le encanta cruda, considera que unas finas láminas coronando estos días el tartar de ventresca de atún con wasabi fresco le va de maravilla; yo prefiero saltearlas brevemente, con un poquitín de aceite, y terminar de asarlas en el Josper, para condimentar un revuelto de yemas de huevos camperos.

 

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