Alcachofas confitadas

con su brandada y torreznos

Trabajamos con alcachofas que llegan directamente de Lodosa, una flor, que muchos consideran la más rica del mundo, que procede siempre de mata nueva: se siembran en agosto y, gracias a esa energía joven, dan un tallo más grande, más hoja… y una alcachofa mucho más sabrosa.

La alcachofa perfecta se reconoce de un vistazo: tallo grueso y con espigas, hojas de un verde vivo, la flor bien cerrada y una textura firme. Esa combinación es garantía de frescura y calidad.

A la hora de cocinarlas, desde la huerta nos comparten un truco sencillo que marca la diferencia: limpiar las hojas exteriores sin cortar el “morro” y sumergirlas en agua fría, mejor si lleva hielo. Cuando las tengamos todas listas y el agua de cocción ya esté hirviendo, cortamos entonces la punta y las echamos a la olla. En menos de 10 minutos, la alcachofa está en su punto.

Su temporada se alarga, aproximadamente, hasta junio, siempre que las temperaturas no bajen de cero durante varios días. La alcachofa es delicada: no soporta ni el frío intenso ni el calor extremo. Si las heladas no son muy fuertes, la hoja puede oscurecerse un poco, pero el corazón sigue estando perfecto; cuando el frío aprieta de verdad, la alcachofa se quema por completo.

Este año repetimos la receta que tanto ha gustado otros años; confitadas, terminadas con una caricia de humo tras su paso por las brasas y con el único aderezo de unos torreznos “de museo”.

Receta de Alcachofas confitadas

Ingredientes

  • Alcachofas
  • Torreznos
  • Aceite de Oliva

Paso a paso

  1. Limpiamos las alcachofas y las confitamos en aceite de oliva virgen extra en el horno, a 180 °C durante 30 minutos, hasta que queden tiernas pero aún con un punto de firmeza.
  2. Cortamos el torrezno en tranchas de unos dos dedos de grosor. Lo asamos en el horno a 150 °C durante 30 minutos. Una vez templado, y aún algo tibio, lo freímos en aceite caliente a 200 °C hasta que quede bien crujiente.
  3. Tomamos una parte de las alcachofas confitadas y las trituramos con su propio aceite hasta obtener una textura de puré fino, similar a una brandada.
  4. En el momento del pase, calentamos los gajos de alcachofa en el horno de brasas, para que recuperen temperatura y sumen matices ahumados.
  5. Para el emplatado, disponemos los gajos de alcachofa asados, acompañados de la brandada de alcachofa y lardones de torrezno crujiente por encima.

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