Callos de buey estofados

Patas, morros y callos de El Capricho, en León

El alma de un guiso: los callos de buey de El Capricho

En Lakasa elaboramos un guiso de callos de buey. Y cuando hablamos de buey, hay un nombre que destaca por encima del resto: El Capricho, en León. Su bodega es un referente absoluto en el trabajo con esta carne excepcional. Nadie la trata con tanto respeto, conocimiento y dedicación.

Para conocer las cualidades de este producto —las patas, los morros y los callos del buey—, conversamos con Diego Zárate, responsable de cocina en El Capricho.

callos de buey en Lakasa
José Gordon, alma de Bodega El Capricho

 

  • Diego, ¿qué diferencias hay entre los callos de buey y los de vaca?

Existe la creencia de que el sabor del buey es más fuerte que el de la vaca, pero la realidad es justo la contraria.
El buey gana en persistencia y en elegancia. Esa personalidad viene de las grasas insaturadas que desarrolla el animal. Al probar estos callos, uno se encuentra con un bocado muy elegante, con un sabor que envuelve y permanece en el paladar.

Este carácter lo marca la edad del animal. Ten en cuenta que en El Capricho hemos llegado a sacrificar bueyes de hasta 20 años.
Cuando masticas esa carne, masticas el tiempo. Hay un poso de sabiduría y de cuidado en cada fibra.

  • ¿Qué ocurre con las carnes de ternera en comparación?

En muchos casos hablamos de carne industrializada. Se busca un crecimiento y engorde rápido.
Son carnes con mucha agua, sin maduración. Y eso va claramente en detrimento del sabor.

  • Nos parece muy especial la untuosidad que dejan estos callos en boca. ¿A qué se debe?

Todo está relacionado con la edad del animal.
A partir de los cinco años, la castración provoca una limpieza hormonal que transforma sus grasas en insaturadas. Esto se ve de forma muy clara al cocer las patas: al día siguiente, incluso en frío, el caldo mantiene la grasa líquida.
Si eso ocurre en cámara, imagina la untuosidad que aporta integrada en un guiso.

  • Dentro del callo, ¿qué diferencias hay entre el llamado “libro” y el callo?

Es una cuestión de textura. De sabor son muy similares, pero el libro, por su forma, da más juego en boca. Tiene un mordisco más crujiente y aireado.

Guiso de callos de Lakasa
El guiso de callos que elaboramos en Lakasa

 

  • ¿Y qué papel juegan las patas y el morro en el guiso?

Las patas de estos animales soportan todo su peso, y eso las convierte en piezas altamente ricas en colágeno. Cocinarlas requiere paciencia, pero el resultado es un caldo potente, gelatinoso, pegajoso en boca, lleno de sabor. A quienes disfrutamos comiendo, esa sensación que dejan en los labios, nos parece gloriosa.

El morro es diferente. Tiene carne, piel y tendón, y por su uso constante en vida, tiene una textura algo más firme. Al cocinarlo, aparecen notas herbales, a pasto, con un sabor profundo. Es el acompañante perfecto para un guiso de callos.

  • ¿Cómo influyen la edad y la raza del buey en el sabor?

Ambas cosas marcan diferencias clarísimas. No es lo mismo trabajar con carnes de bueyes de 4 o 5 años que con animales de 8 o más. Los callos que os hemos enviado últimamente tienen una media de 7 años, aunque algunos alcanzan los 14.

En cuanto a las razas, también hay mucho que decir. Trabajamos con hasta 16 razas distintas. La barrosa, la cachena o la rubia gallega, por ejemplo, tienen grasas muy finas. Cada una aporta matices únicos. Imagina las posibilidades.

  • ¿Cómo definirías una cucharada de callos de buey?

Esa textura casi crujiente, la untuosidad, el colágeno… es algo extraordinario.
Un bocado profundo, sabroso y, sobre todo, memorable.

Receta de Callos de buey estofados

Ingredientes

  • Callos, patas y morros
  • Chorizo dulce y picante
  • Ajo y cebolla
  • Pimentón dulce y picante
  • Sal y pimienta

Paso a paso

 

  • Blanqueamos los callos, morros y patas; les cambiamos el agua y los cocemos por separado hasta que queden tiernos. Cada pieza tendrá su propio tiempo de cocción.
  • Una vez cocidos los callos, patas y morros, colamos sus caldos y los ponemos a reducir para concentrar el sabor.
  • Rehogamos en una olla amplia los chorizos cortados en trozos; una vez ligeramente dorados, los retiramos y en esa grasa que queda en la olla elaboramos a fuego muy lento el sofrito del ajo y la cebolla. Una vez caramelizada la cebolla, entra el pimentón dulce y picante, en una mezcla de 4 a 1.
  • Añadimos a ese sofrito los callos, las patas y los morros troceados, sumamos el chorizo y mojamos con el caldo reducido de los callos.
  • Hervir el conjunto, poner a punto de sal y pimienta y retirar el guiso del fuego. Dejar un día de reposo antes de servir los callos.

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