Son solomillos de ibérico puro, es decir, de cerdo autóctono de la Península que no ha sido cruzado con otras razas y vive en su hábitat natural de la dehesa extremeña, poblada de encinas y alcornoques, comiendo en libertad bellotas, pastos y raíces.
Marcamos en sartén a fuego vivo el solomillo para crear una costra exterior dorada. A continuación, en el ahumador casero, curamos con sarmientos la carne, que, una vez fría, completamos su elaboración con una cocción final al vapor y al vacío.
Obtenemos así una carne rosada y jugosa, que revela su buen punto de cocinado, con notas ligeras a tostados y a humo; en boca, sorprende su textura tierna, ante la ausencia de fibras, que se han ido fundiendo con la carne durante la elaboración.
Con este solomillo preparamos estos días el roast pork ibérico con salsa Cumberland y mostaza.





Paso a paso